domingo, 25 de septiembre de 2011

(Mis) Placeres de esta vida

La última patata de la ración de bravas, rebañando los trocitos de sal gorda de todo el plato

El tilín tilín de los hielos contra el vaso, el crujido metálico al abrirse la lata, el glu glu glu de la coca cola precipitándose, el cris cris cris de la espuma subiendo rápidamente en primera instancia y bajando perezosa después, el romper de las burbujas en mis labios, la exhalación de aire final. 
 
Tumbarse en una cama con las sábanas recién lavadas, sentir el frescor de la almohada al aplastarla, agarrar con los piés el edredón por su estremo y sentir cómo se van calentando poco a poco.

Coger la posición en el sofá, taparse hasta la barriga, poner cualquier programa de televisión y saber que esta siesta me la he ganado.

Una ducha bien caliente después de salir a correr en invierno, pintar una cara con mi dedo en el espejo empañado y luego borrarla para descubrir otra cara, la mía, roja como un tomate y con todos los pelos para arriba.

Una mañana de domingo sin resaca, descubrir que el domingo tiene 24 horas y no 12 como he llegado a pensar.

Un bol de palomitas en mi mesa acompañando a la cerveza que me acabo de pedir.

Un bebé que me mira y se ríe.

Estar en la cola del mercadona y oír "Por favor pasen por la caja número 3 por orden" y que por orden sea yo el primero

Que los semáforos de la Diagonal se pongan en verde un tras otro al verme llegar en mi Almera plateado.

Las camisas que no necesitan plancharse.

El olor del césped recién cortado entrando por la ventana.

Una parada de bicing al lado de la discoteca cuando vuelvo de fiesta.

Un kebab abierto a esas horas junto a dicha parada de bicing.

La ensaladilla rusa de mi madre.

El sonido de la lluvia contra la lona de tu tienda de campaña, el saco abrigándote, los ojos curiosos de los demás compañeros de tienda resaltando en la penumbra, el olor a plástico, la sensación absurda de aventura.

Fichar a la salida un viernes.

Llegar a una ciudad desconocida, la inseguridad de no saber dónde está nada y de no saber si me van a entender, descubrir, aventurarme, equivocarmse y, por fin, enterarme de las cosas.

Coger aire y descender en el agua, aletear con fuerza, compensar los oídos, volver a aletear. Y, una vez ahí, ahí donde sientes que ya no puedes más, observar. Parar el tiempo, parar el pulso si hace falta para que no moleste. Observar. Escuchar. Y, cuando el cuerpo avise, volver a subir. Aletear, parar, aletar. RESPIRAR.

Un mojito bien hecho.

Y

SOBRE TODO

ANTE TODO

POR ENCIMA DE TODO,

UN PLACER CONOCERTE

2 comentarios:

  1. veo que también te gustan los sonidos onomatopéyicos como tilín tilín, glu glu glu, cris cris cris :D ya no me podrás criticar por ello!

    ResponderEliminar
  2. me ha gustado mucho, Guille. gracias por recordarnos los placeres pequeños
    y un placer conocerte, también.

    ResponderEliminar