lunes, 19 de septiembre de 2011

CALLEN Y LEAN

Di mi nombre y desaparezco.

El silencio.


Haga lo que haga, siempre desapareces. Si ando, te vas con mis pasos. Si no ando, con mi respiración. Si no respiro, con mis latidos.
El silencio. No se está quieto, dura tan poco tan poco tan poco que en el mismo momento que nos concentramos en él ya ha desaparecido.
Y es curioso. Porque igual que siempre desaparece, el silencio SIEMPRE tiene la última palabra. Nos pongamos como nos pongamos.

Frente a esta ley inamovible, lo mejor es ser práctico: tiene algo ganado el que sabe aceptar el silencio, gana un poco más aquél que sabe respetarlo y tiene mucho, mucho ganado el que sabe utilizarlo. Casi siempre fracasa aquel que se empeña en llenarlo.

En una conversación, en una discusión, en una negociación. Siempre gana el que gestiona los silencios, aquél que los crea en sí mismo o los fuerza en los demás, aquél que los rompe o los alarga a su voluntad. Simon y Garfunkel dedicaron a mediados de los 60 una canción al Sonido del Silencio. En realidad no hay un sonido del silencio. Hay muchos. Tantos como sentimientos. Sonido de nervios, de miedo, de seguridad, de orgullo, de respeto, de cariño, de fascinación, de duda. Sonidos muy fuertes, tanto que a veces a uno le entran ganas de pedirle al silencio que baje un poco la voz.
Ocurre que el silencio, que ata de pies y manos al sentido del oído, deja indefensos al resto de los sentidos.
Por eso siempre sentimos todo con más detalle en silencio. Por eso en silencio se revela tan fácilmente qué es eso que sentimos.

Que no suene descortés. Pero hoy cambiaré el título del blog.

Hoy les invito a que Callen y Lean.

A ver qué se siente.
 


 

2 comentarios:

  1. muy bueno Guillermo, sabes que siempre me gustó leer tus "articulillos" Un abrazo crack!!

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  2. Don Jay! Sabes que siempre me gustó que te gustase! jejeje. Y espero que me siga gustando que te siga gustando...me esforzaré, que lo sepas!1 abrazooooooo

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