lunes, 14 de octubre de 2013

Contextualmente

Llevábamos desde las 8 dando pedales, lo que vendrían a ser más o menos unas seis horas sobre la bici.
Culo dolorido, espalda sudada, rodillas agarrotadas. Según escribo mi trasero recuerda y me pide que lo remarque: culo muy dolorido.
Silencio. Silencio sólo cortado por el traqueteo de las ruedas sobre los montículos de tierra, por el aire en mis oídos, por mis pensamientos, que han dado la vuelta a tantos temas, a tantas caras y a tantas preguntas en las 6 horas de viaje.
Y alrededor....alrededor domina el color. Color intenso. Verde de las hojas de los plataneros. Azul en cada esquina del cielo. Gris, marrón, granate y casi rojo, de la tierra que con los kilómetros se va secando y mojando. Blanco radiante, de las sonrisas de los niños que salen al camino a saludar. "Mzungo, Mzungo, Mzungo!!!" . Caoba en las caras y las manos. Vestidos amarillos, turbantes púrpuras, paredes rojas, pantalones naranjas.

Se rompe el silencio. Y la melodía se me clava en el estómago. Muy curioso. Antes de que mi mente asociara un significado a ese tono, mi estómago ya sabía muy bien de qué se trataba.
Abro la riñonera. Teléfono del trabajo sonando.
Freno la bici. Me seco el sudor y descuelgo.
Mientras discutimos una corrección de 0,5mm en el armazón de la puerta posterior derecha no puedo dejar de mirar a mi alrededor. Me parece surrealista. El silencio sigue ahí, justo donde lo había dejado antes de sonar el teléfono. Desde lo alto de una colina, el día está nublado. Es precioso. Como si le hubieran puesto un filtro azulado con Photoshop a todos los colores.
Hay que tomar una decisión. Qué hacemos. Hay que reportar a dirección todo el tema de las correcciones.

Dos contextos. Dos circunstancias separadas por un muro de 4000 kilómetros. Decisiones tan importantes en uno de ellos y tan banales en el otro.
Sigo escuchando, siguen saliendo las palabras por mi boca y mi cabeza no para de pensar..."y aquí, a quién cojones le importa que corrijamos esa puerta?" Me da por pensar que nada de mi trabajo, nada de eso por lo que día a día corro, discuto y lucho, nada de eso tendría sentido en ese lugar donde el silencio y los colores, las sonrisas y las manos son los que mandan.

Es inevitable entonces pensar en lo importante del contexto. Y es que casi todo el valor de las cosas lo determinan en realidad las circunstancias que las rodean.
Mi abuelo Valentín trabajó toda su vida en una pescadería. Contaba mi abuela que en Navidad (aunque realmente no tuvieran mucho dinero), el abuelo siempre llevaba a casa un paquetito de angulas que le regalaban, lo cual era un auténtico lujo para cualquier mesa (a 1000 euros el kilo, o el dinero equivalente de la época)
Siendo mi abuela ya mayor, celebrando la nochebuena con mis tíos, pusimos 2 platos de gulas en la mesa. Mi tío le sacó un plato aparte a mi abuela. "Paca, para usted 50 gramos de angulas que hemos comprado aparte". Mi abuela las probó. "Se nota que son de verdad"

Evidentemente aquello no eran angulas. Pero mi abuela se fue con la alegría para el cuerpo de que hubiéramos tenido ese detalle.

Qué hace que dos cosas tan parecidas se diferencien en 1000 euros/kilo?

Habrá que pensárselo....contextualmente :)



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