Son las 7.05 am.
Vuelvo de trabajar y necesito llenar los 55 minutos que quedan hasta mi revisión de la ITV.
Necesito también un sitio donde llenar mi estómago para llenar estos 55 minutos de espera. Cenayunaré, que es la cena que hago a la hora del desayuno cuando trabajo de noche.
Los párpados se empeñan en cerrar ya el chiringuito y pesan tanto que tengo que levantarlos con los dedos para seguir despierto. Un poco más, ya no queda nada.
Callejeo buscando algún Bar abierto para comerme un bocadillo.
7.10 am. Primera parada. ¿Podrían hacerme un bocadillo? No, a estas horas no hay pan
Sigo callejeando. Coloco un gato hidráulico en mis párpados para que aguanten.
7.16 am. Segunda parada. ¿Podrían hacerme un bocadillo? No, a estas horas no hay pan.
Vuelvo al coche. Me doy un par de bofetadas. Duele. Pero no despiertan.
7.21 am. Tercera parada. ¿Podrían hacerme un bocadillo? No, a estas horas no hay pan.
Saco el revólver de emergencia que guardo en la guantera para estos casos. Giro la ruleta y quito el seguro como en las películas
7.26 am. Cuarta parada. ¿Podrían hacerme un bocadillo?
Sonrisa del camarero
"Eso está hecho amigo. ¿Lo quieres frío, caliente?"
Amigo...Amigo....AMIGO ERES TÚ!!! Desde luego eres mi mejor amigo en el día de hoy.
"¿Bocadillo de hamburguesa puede ser?" Pregunto con timidez.
"Marchando, no tardo nada. Otra sonrisa"
Apoyado en la barra con medio culo puesto sobre el taburete me fijo en el bar. Pequeño, un bar de barrio cualquiera. Escucho la plancha crepitar. No deja de entrar gente y a cada persona se oye su nombre y se le pone lo que quiere antes de que lo pida.
"Javier, monstruo! A llevar a las niñas al cole, no?" Sonrisa y el sonido de una taza de cortado sobre la barra.
"Olga cariño! Ya vas tarde!" Sonrisa y un zumo de naranja y un cruasán encima de una mesa.
Mi hamburguesa sale y, efectivamente, no ha tardado nada. Eso a pesar de que no ha parado de entrar gente y de que él está solo atendiendo todo el bar. Eso a pesar de que a cada persona no le ha faltado su café o su sandwich o su cruasán en la barra antes si quiera de pedirlo. Eso a pesar de que no le ha faltado una sonrisa para nadie.
Sale de la barra y me lo acerca a la mesa con unas aceitunitas. (Nota: lo de las aceitunas en Cataluña hay que pagarlo)
"Que aproveche majo"
Lágrimas de emoción. En un plato rectangular se presenta una baguete bien grande, untadita con su tomate, con 2 hamburguesas tapadas con una loncha de queso cada una y cebollita brillando.
Mientras como en la mesa sigo escuchándole sonreír.
Mastico y se me ocurre que la gente en realidad no baja a tomar café.
Lo que pienso es que acabo de conocer al primer camarero terapeuta.
La terapia, muy sencilla. En los 5 minutos que dura mi café noto que alguien a las 7 de la mañana me da un arreón de energía, me recibe con un gesto amable y me hace empezar el día con una sonrisa.
Sonrisa. No le vi parar de sonreir.
Me acabo la hamburguesa.
"Riquísima" le digo. "Ha sido lo mejor de mi día" . Para bien o para mal, le estaba diciendo la verdad.
Sonríe, para variar.
Acabo la ITV y vuelvo a casa pensando en el camarero. En qué grandes son las personas que hacen de su trabajo el lugar más propio para hacer sentir bien a los demás.
En qué grandes son los que hacen de su puesto de trabajo una oficina y de su trabajo una terapia continua.
Una especie en extinción.
miércoles, 19 de octubre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
DE LOS NERVIOS
Caminando de un lado a otro del pasillo
Abriendo y cerrando una y otra vez la tapa del boli que tengo en la mano
Respirando fuerte
Haciendo un nudo agarrando fuerte la tela de mis vaqueros.
Me llaman. Sube el pulso cardiaco. No es.
Hablando sin parar con quien tengo a mi lado.
Comiéndome compulsivamente un paquete de pipas tijuana hasta acabarlo.
Encendiendo un pitillo antes de acabar el que estoy fumando.
Me llaman. Sube más el pulso cardiaco. "Que sea, que sea, que sea". Descuelgo. No es.
Agarrando fuerte a la persona de al lado
Pensando, cuándo llamará.
Tarareando la misma canción una y otra vez.
Pensando qué diré.
Caminando de un lado a otro por el pasillo
Pensando qué dirá.
Caminando de un lado a otro por el pasillo.
Poniéndome en lo peor.
Caminando de un lado a otro por el pasillo.
Poniéndome en lo mejor.
Navegando por todos los menús del móvil.
Abriendo y cerrando las mismas páginas de internet.
Pensando "Igual manda un correo"
Actualizando una y otra vez el correo.
Comiendo compulsivamente lo que queda de chocolate en la nevera..
Encendiendo un pitillo antes de que se acabe el que estoy fumando.
Suena el teléfono. "Que sea, que sea"....
ES
Me tiembla la voz al principio, pero en pocos segundos lo consigo. Consigo dejar de abrir y cerrar la tapa del bolígrafo. Suelto el nudo que había hecho con la tela de mis vaqueros. Consigo dominar mis pensamientos. Mi voz vuelve a ser mi voz.
Respiro.
Digo lo que tenía que decir y me dicen lo que me tenían que decir. Cuelgo.
Respiro. Suave. Contento.
Ya está.
Sólo hay una cosa que no entiendo
¿¿Por qué cojones estaba tan nervioso, si al final sólo era una tontería??
Claro, que eso siempre lo pensamos después.
Abriendo y cerrando una y otra vez la tapa del boli que tengo en la mano
Respirando fuerte
Haciendo un nudo agarrando fuerte la tela de mis vaqueros.
Me llaman. Sube el pulso cardiaco. No es.
Hablando sin parar con quien tengo a mi lado.
Comiéndome compulsivamente un paquete de pipas tijuana hasta acabarlo.
Encendiendo un pitillo antes de acabar el que estoy fumando.
Me llaman. Sube más el pulso cardiaco. "Que sea, que sea, que sea". Descuelgo. No es.
Agarrando fuerte a la persona de al lado
Pensando, cuándo llamará.
Tarareando la misma canción una y otra vez.
Pensando qué diré.
Caminando de un lado a otro por el pasillo
Pensando qué dirá.
Caminando de un lado a otro por el pasillo.
Poniéndome en lo peor.
Caminando de un lado a otro por el pasillo.
Poniéndome en lo mejor.
Navegando por todos los menús del móvil.
Abriendo y cerrando las mismas páginas de internet.
Pensando "Igual manda un correo"
Actualizando una y otra vez el correo.
Comiendo compulsivamente lo que queda de chocolate en la nevera..
Encendiendo un pitillo antes de que se acabe el que estoy fumando.
Suena el teléfono. "Que sea, que sea"....
ES
Me tiembla la voz al principio, pero en pocos segundos lo consigo. Consigo dejar de abrir y cerrar la tapa del bolígrafo. Suelto el nudo que había hecho con la tela de mis vaqueros. Consigo dominar mis pensamientos. Mi voz vuelve a ser mi voz.
Respiro.
Digo lo que tenía que decir y me dicen lo que me tenían que decir. Cuelgo.
Respiro. Suave. Contento.
Ya está.
Sólo hay una cosa que no entiendo
¿¿Por qué cojones estaba tan nervioso, si al final sólo era una tontería??
Claro, que eso siempre lo pensamos después.
sábado, 8 de octubre de 2011
Póker de pókers
Así es amigos.
4 situaciones de la vida
4 únicas respuestas para cada situación.
Un poker de pokers.
Alguna fuerza superior dictó que a estas cuatro situaciones sólo le pudieran seguir 4 posibles reacciones. Como si se tratase de una ley física. Una ley más fuerte que el vino en botellas de plástico sin etiquetar. Una ley que dicta más que vuestra profe de lengua de 4º de primaria. Una ley más absoluta que un número entre dos barras verticales.
No me enrollaré más y paso a presentaros los casos:
Situación a: Conduces sólo y te toca esperar a que se ponga en verde un largo semáforo:
1- Apoyas el codo izquierdo en el marco de la ventana y te muerdes las uñas de la correspondiente mano
2- Luchas por extraer un moco de tu cavidad nasal, lo consigues, haces pelotita y lo lanzas
3- Golpeas con la mano el volante, el salpicadero o la palanca de cambios al ritmo de la música (o eso crees tú) mientras asientes con la cabeza e incluso te muerdes los labios.
4- Te descojonas mientras observas cómo un conductor vecino hace alguna de las 3 anteriores
Situación b: Subes en el ascensor con un vecino al que conoces únicamente de verle en el ascensor:
1- Mantienes tu mirada baja, haciendo que observas, por ejemplo, la bolsa que llevas. Llegas/llega a tu/su piso y os despedís con una sonrisa más falsa que el color de piel de Belén Esteban.
2-Smalltalk clásico. Ejemplo:
- Todo bien?
- Vamos tirando. (y sonrisa)
- Que no es poco (y sonrisa)
(normalmente 3 frases suelen ser suficientes. Para los que vivan más allá del décimo, habría que recurrir a la opción 1 de nuevo)
3- Miras a una de las esquinas del ascensor y das toquecitos en la pared del mismo, bien con tu dedo o bien con algún objeto que lleves, habitualmente con las llaves.
4-Smartphone, más que nunca en estas ocasiones, te salva la vida. No hace falta que mires nada concreto. Basta con que pases de una pantalla a otra.
Situación c: Estás sentado en el sillón de la peluquería, mientras te cortan el pelo:
1- Contestas con monosílabos y sonrisas más falsas que el apretón de manos entre Florentino y Laporta a todas las preguntas que el peluquero/a te va haciendo para amenizar la media hora que estás allí.
2- Aprovechas la mínima para soltarle un discurso al peluquero/a sobre algún tema que él/ella han sacado. Te creces, quizá por el hecho de que él/ella te da la razón a todo lo que vas diciendo
3- Te pasas todo el tiempo que dura el corte de pelo mirándote serio al espejo, viendo cómo evoluciona tu cabeza segúna avanza el tiempo. Aprovechas momentos de despiste del peluquero/a para poner caretos.
4- Lees y odias que cada minuto te caiga un mechón mojado en la revista.
Situación d: Acaban de fregar una zona y tienes que pasar por ella
1-Pasas apoyando los pies muy despacio, como si eso fuera a hacer que manches menos.
2-Pasas de puntillas y muy rápido, como si eso fuera a hacer que manches menos.
3- Pasas por un lateral, como si diera igual que el lateral se manche.
4-No pasas
4 situaciones de la vida
4 únicas respuestas para cada situación.
Un poker de pokers.
Alguna fuerza superior dictó que a estas cuatro situaciones sólo le pudieran seguir 4 posibles reacciones. Como si se tratase de una ley física. Una ley más fuerte que el vino en botellas de plástico sin etiquetar. Una ley que dicta más que vuestra profe de lengua de 4º de primaria. Una ley más absoluta que un número entre dos barras verticales.
No me enrollaré más y paso a presentaros los casos:
Situación a: Conduces sólo y te toca esperar a que se ponga en verde un largo semáforo:
1- Apoyas el codo izquierdo en el marco de la ventana y te muerdes las uñas de la correspondiente mano
2- Luchas por extraer un moco de tu cavidad nasal, lo consigues, haces pelotita y lo lanzas
3- Golpeas con la mano el volante, el salpicadero o la palanca de cambios al ritmo de la música (o eso crees tú) mientras asientes con la cabeza e incluso te muerdes los labios.
4- Te descojonas mientras observas cómo un conductor vecino hace alguna de las 3 anteriores
Situación b: Subes en el ascensor con un vecino al que conoces únicamente de verle en el ascensor:
1- Mantienes tu mirada baja, haciendo que observas, por ejemplo, la bolsa que llevas. Llegas/llega a tu/su piso y os despedís con una sonrisa más falsa que el color de piel de Belén Esteban.
2-Smalltalk clásico. Ejemplo:
- Todo bien?
- Vamos tirando. (y sonrisa)
- Que no es poco (y sonrisa)
(normalmente 3 frases suelen ser suficientes. Para los que vivan más allá del décimo, habría que recurrir a la opción 1 de nuevo)
3- Miras a una de las esquinas del ascensor y das toquecitos en la pared del mismo, bien con tu dedo o bien con algún objeto que lleves, habitualmente con las llaves.
4-Smartphone, más que nunca en estas ocasiones, te salva la vida. No hace falta que mires nada concreto. Basta con que pases de una pantalla a otra.
Situación c: Estás sentado en el sillón de la peluquería, mientras te cortan el pelo:
1- Contestas con monosílabos y sonrisas más falsas que el apretón de manos entre Florentino y Laporta a todas las preguntas que el peluquero/a te va haciendo para amenizar la media hora que estás allí.
2- Aprovechas la mínima para soltarle un discurso al peluquero/a sobre algún tema que él/ella han sacado. Te creces, quizá por el hecho de que él/ella te da la razón a todo lo que vas diciendo
3- Te pasas todo el tiempo que dura el corte de pelo mirándote serio al espejo, viendo cómo evoluciona tu cabeza segúna avanza el tiempo. Aprovechas momentos de despiste del peluquero/a para poner caretos.
4- Lees y odias que cada minuto te caiga un mechón mojado en la revista.
Situación d: Acaban de fregar una zona y tienes que pasar por ella
1-Pasas apoyando los pies muy despacio, como si eso fuera a hacer que manches menos.
2-Pasas de puntillas y muy rápido, como si eso fuera a hacer que manches menos.
3- Pasas por un lateral, como si diera igual que el lateral se manche.
4-No pasas
lunes, 3 de octubre de 2011
JUAN
Juan se aclara la garganta y con mirada de pillo deja salir su voz rota:
-'Lo tengo apalabrado con San Pedro hasta los 125'
Sonríe y nos mira por encima de las lentes de sus gafas.
Mientras come nos recuerda cómo era el camino desde Sabadell hasta Extremadura para comprar lana en una España que se recuperaba lentamente de la guerra. Sus ojos vidriosos proyectan sobre la mesa todos aquellos recuerdos.
-'El pan de allí es algo que uno no puede olvidar nunca' - mientras habla aprieta sus manos rugosas como si tuviera una hogaza entre sus manos y quisiera volver a oírla crujir. Viéndole, soy casi capaz de oír el crujido.
Más cerca de los 90 que de los 80, nos toma el pelo una y otra vez durante la comida. Aprovecha el despiste de su hija para echarse un poquito de vino en el vaso. La ocasión lo merece. Sus historias lo merecen.
Sus ojos se pierden para buscar entre los recuerdos y hablarnos de aquello que pasó 20, 30, 40 años atrás. Sus palabras pesan, atraen, hipnotizan. Uno se quedaría horas escuchando ese ritmo pausado.
-'Madrid, ¿sigue estando en el mismo sitio?' - pregunta de nuevo con su mirada irreverente.
Se divierte. Sonríe.
Juan no recuerda a menudo qué ha hecho durante el día. Olvidó si ha cogido las llaves. Olvidó el camino de vuelta a casa y se quedó en mitad de la plaza asustado.
Es normal. Tantas cosas bonitas vividas. Tantos recuerdos de valor incalculable.
Lo entiendo. Entiendo que el cerebro prefiera dedicar su espacio a eso tan bonito que vivió, y no a la vida cotidiana de hoy. Entiendo que la cabeza luche por no perder ni un solo detalle de esa vida fascinante.
Y allí estaremos, en la misma mesa que él, dejando que Juan nos siga fascinando
Por lo menos otros 30 años........si San Pedro cumple lo prometido!
-'Lo tengo apalabrado con San Pedro hasta los 125'
Sonríe y nos mira por encima de las lentes de sus gafas.
Mientras come nos recuerda cómo era el camino desde Sabadell hasta Extremadura para comprar lana en una España que se recuperaba lentamente de la guerra. Sus ojos vidriosos proyectan sobre la mesa todos aquellos recuerdos.
-'El pan de allí es algo que uno no puede olvidar nunca' - mientras habla aprieta sus manos rugosas como si tuviera una hogaza entre sus manos y quisiera volver a oírla crujir. Viéndole, soy casi capaz de oír el crujido.
Más cerca de los 90 que de los 80, nos toma el pelo una y otra vez durante la comida. Aprovecha el despiste de su hija para echarse un poquito de vino en el vaso. La ocasión lo merece. Sus historias lo merecen.
Sus ojos se pierden para buscar entre los recuerdos y hablarnos de aquello que pasó 20, 30, 40 años atrás. Sus palabras pesan, atraen, hipnotizan. Uno se quedaría horas escuchando ese ritmo pausado.
-'Madrid, ¿sigue estando en el mismo sitio?' - pregunta de nuevo con su mirada irreverente.
Se divierte. Sonríe.
Juan no recuerda a menudo qué ha hecho durante el día. Olvidó si ha cogido las llaves. Olvidó el camino de vuelta a casa y se quedó en mitad de la plaza asustado.
Es normal. Tantas cosas bonitas vividas. Tantos recuerdos de valor incalculable.
Lo entiendo. Entiendo que el cerebro prefiera dedicar su espacio a eso tan bonito que vivió, y no a la vida cotidiana de hoy. Entiendo que la cabeza luche por no perder ni un solo detalle de esa vida fascinante.
Y allí estaremos, en la misma mesa que él, dejando que Juan nos siga fascinando
Por lo menos otros 30 años........si San Pedro cumple lo prometido!
miércoles, 28 de septiembre de 2011
A TU EDAD...
No sé si a vosotros os pasa, pero a mí aún no me ha ocurrido. Me refiero a sentir la edad que uno tiene. No me pasa, no me ha pasado en casi 28 años. Y pienso, será cuestión de tiempo.
O no.
Tengo la ligera sospecha de que, independientemente de lo mayor que uno sea, nunca se acaba de sentir como la edad que tiene.
El error no está, en mi opinión, en sentirse de una u otra manera con determinda edad. El fallo está en la idea equivocada que uno se hace cuando es más joven sobre cómo se va a sentir o se supone que tiene que sentir cuando sea mayor.
Se asocia, por poner un ejemplo, que a los cuarenta años alcanzamos la madurez y estamos en plenas facultades mentales, que a esa edad se encuentra la punta de estabilidad. Ocurre, supongo, que se llega a los cuarenta y que uno descubre que las dudas no han acabado por desaparecer. Bueno, quizá han desaparecido, pero han aparecido muchas otras que antes no estaban. Uno llega a los cuarenta y sigue sintiéndose inseguro en muchas cosas, más estable en algunos aspectos pero sorprendentemente menos estable en otros. En definitiva, según lo veo yo, uno nunca tiene la sensación de tener la sartén bien cogida por el mango. Sea cual sea su edad.
Y el error está, repito, en tener la creencia de que algún día la tendremos.
El otro día me puse a pensar en cómo debe de ser afrontar la vejez. El tener 70,80 o 90 y seguir pensando (como estoy seguro de que ocurre), que aún te queda mucho pendiente.
Porque si hay algo seguro es que la ambición de tener la sartén bien agarrada por el mango existe en todos nosotros. Todos queremos que llegue ese día en el que estamos seguros de que dominamos nuestra vida, ese día en el que pisamos fuerte y sin mirar porque sabemos que nada va a fallar. Aspiramos a ello. Y dedicamos gran parte de la vida a ello.
Pero pienso en tener 70,80,90 y se me ocurre que continuaremos teniendo exactamente la misma sensación que tenemos con 20,con 30, con 40, con 50... La sensación de que tenemos que mirar donde pisamos, la sensación de que cualquier cosa puede fallar.
En definitiva, la sensación de que en 70, 80, 90 años no he sido capaz de agarrar la sartén por el mango.
Lo pienso.
Y me alegro.
Y lo quiero para mí. Con 70, con 80, con 90.
Porque entiendo que en el momento en el que ya no tengamos esa sensación será muy aburrido vivir.
O no.
Tengo la ligera sospecha de que, independientemente de lo mayor que uno sea, nunca se acaba de sentir como la edad que tiene.
El error no está, en mi opinión, en sentirse de una u otra manera con determinda edad. El fallo está en la idea equivocada que uno se hace cuando es más joven sobre cómo se va a sentir o se supone que tiene que sentir cuando sea mayor.
Se asocia, por poner un ejemplo, que a los cuarenta años alcanzamos la madurez y estamos en plenas facultades mentales, que a esa edad se encuentra la punta de estabilidad. Ocurre, supongo, que se llega a los cuarenta y que uno descubre que las dudas no han acabado por desaparecer. Bueno, quizá han desaparecido, pero han aparecido muchas otras que antes no estaban. Uno llega a los cuarenta y sigue sintiéndose inseguro en muchas cosas, más estable en algunos aspectos pero sorprendentemente menos estable en otros. En definitiva, según lo veo yo, uno nunca tiene la sensación de tener la sartén bien cogida por el mango. Sea cual sea su edad.
Y el error está, repito, en tener la creencia de que algún día la tendremos.
El otro día me puse a pensar en cómo debe de ser afrontar la vejez. El tener 70,80 o 90 y seguir pensando (como estoy seguro de que ocurre), que aún te queda mucho pendiente.
Porque si hay algo seguro es que la ambición de tener la sartén bien agarrada por el mango existe en todos nosotros. Todos queremos que llegue ese día en el que estamos seguros de que dominamos nuestra vida, ese día en el que pisamos fuerte y sin mirar porque sabemos que nada va a fallar. Aspiramos a ello. Y dedicamos gran parte de la vida a ello.
Pero pienso en tener 70,80,90 y se me ocurre que continuaremos teniendo exactamente la misma sensación que tenemos con 20,con 30, con 40, con 50... La sensación de que tenemos que mirar donde pisamos, la sensación de que cualquier cosa puede fallar.
En definitiva, la sensación de que en 70, 80, 90 años no he sido capaz de agarrar la sartén por el mango.
Lo pienso.
Y me alegro.
Y lo quiero para mí. Con 70, con 80, con 90.
Porque entiendo que en el momento en el que ya no tengamos esa sensación será muy aburrido vivir.
martes, 27 de septiembre de 2011
No lo soporto
La gente que te da la mano de la forma que le ha enseñado su libro "Expresión corporal para los negocios" y que está convencido de que la fuerza con la que aprieta es proporcional a la seguridad en sí mismo que tiene..
Las duchas donde el agua caliente tiene su momento, y que ese momento haya pasado ya cuando aún te queda lavarte la cabeza.
El moreno de rayos uva en el mes de marzo, en esos que quieren ser los primeros en estar preparados para el verano.
Los camareros que te perdonan la vida mientras consumes en sus locales.
La gente que decide empezar a montar en bici y se compra la bici de 700 euros, 2 maillots, 1 culotte, los zapatos especiales y una mochila de bici antes de saber cuánto y cómo los va a usar.
Las golosinas que se te quedan pegadas en las muelas.
Las gafas de sol que tapan el 70% de la cara.
La persona a la que le encanta darte una y otra vez con su codo en tu brazo mientras cuenta una historia graciosa, para que no pierdas detalle, supongo.
Los dependientes del Corte Inglés que te rodean como hienas cuando ojeas algo, te miran amenazantes (sonriendo, pero amenazantes) y te preguntan "te puedo ayudar?", bajo lo cual tu respondes "no gracias, sólo estoy mirando", lo cual es evidente, porque si necesitases algo ya lo habrías preguntado.
Las expresiones políticamente correctas y a la par políticamente absurdas que empleamos cuando hablamos de otros, tales como "el chico que está fuertecito", "la mujer de color" o "ese de mi departamento que no tiene mucho pelo".
Sentarme en un asiento caliente en el metro
Las comedias románticas en las que él, un chico atractivo pero algo patoso, se enamora de ella en alguna escena habitual como que se choquen y recojan juntos los papeles. A consecuencia de estar enamorado se pasa la primera mitad de la peli haciendo cagada tras cagada, lo cual le lleva a ella a pasar de él y liarse con otro tío que claramente no está hecho para ella. Sin embargo ella se da cuenta de su error por algún acto genial del chico número uno. En ese momento el chico número uno, al haber perdido la esperanza con ella, se lía con otra. El final inesperado consiste en una declaración mutua de amor y besuqueos sin límites acompañados de una escena de cama en la que no se ve nada y de una moraleja sobre el amor que a casi todas las chicas las deja reflexionando.
Los bares de Barcelona, en los que te cobran como tapa las aceitunas.
Los profesores que no valen para profesores
Que se me clave en la pierna todo lo que llevo en los bolsillos cada vez que me siento con vaqueros.
Las obras de mi vecindario cuando voy de turno de noche y tengo que dormir de día.
La gente que se ríe muy muy alto de sus propias gracias.
Y
SOBRE TODO
ANTE TODO
POR ENCIMA DE TODO
NO SOPORTO QUEJARME!
Las duchas donde el agua caliente tiene su momento, y que ese momento haya pasado ya cuando aún te queda lavarte la cabeza.
El moreno de rayos uva en el mes de marzo, en esos que quieren ser los primeros en estar preparados para el verano.
Los camareros que te perdonan la vida mientras consumes en sus locales.
La gente que decide empezar a montar en bici y se compra la bici de 700 euros, 2 maillots, 1 culotte, los zapatos especiales y una mochila de bici antes de saber cuánto y cómo los va a usar.
Las golosinas que se te quedan pegadas en las muelas.
Las gafas de sol que tapan el 70% de la cara.
La persona a la que le encanta darte una y otra vez con su codo en tu brazo mientras cuenta una historia graciosa, para que no pierdas detalle, supongo.
Los dependientes del Corte Inglés que te rodean como hienas cuando ojeas algo, te miran amenazantes (sonriendo, pero amenazantes) y te preguntan "te puedo ayudar?", bajo lo cual tu respondes "no gracias, sólo estoy mirando", lo cual es evidente, porque si necesitases algo ya lo habrías preguntado.
Las expresiones políticamente correctas y a la par políticamente absurdas que empleamos cuando hablamos de otros, tales como "el chico que está fuertecito", "la mujer de color" o "ese de mi departamento que no tiene mucho pelo".
Sentarme en un asiento caliente en el metro
Las comedias románticas en las que él, un chico atractivo pero algo patoso, se enamora de ella en alguna escena habitual como que se choquen y recojan juntos los papeles. A consecuencia de estar enamorado se pasa la primera mitad de la peli haciendo cagada tras cagada, lo cual le lleva a ella a pasar de él y liarse con otro tío que claramente no está hecho para ella. Sin embargo ella se da cuenta de su error por algún acto genial del chico número uno. En ese momento el chico número uno, al haber perdido la esperanza con ella, se lía con otra. El final inesperado consiste en una declaración mutua de amor y besuqueos sin límites acompañados de una escena de cama en la que no se ve nada y de una moraleja sobre el amor que a casi todas las chicas las deja reflexionando.
Los bares de Barcelona, en los que te cobran como tapa las aceitunas.
Los profesores que no valen para profesores
Que se me clave en la pierna todo lo que llevo en los bolsillos cada vez que me siento con vaqueros.
Las obras de mi vecindario cuando voy de turno de noche y tengo que dormir de día.
La gente que se ríe muy muy alto de sus propias gracias.
Y
SOBRE TODO
ANTE TODO
POR ENCIMA DE TODO
NO SOPORTO QUEJARME!
domingo, 25 de septiembre de 2011
(Mis) Placeres de esta vida
La última patata de la ración de bravas, rebañando los trocitos de sal gorda de todo el plato
El tilín tilín de los hielos contra el vaso, el crujido metálico al abrirse la lata, el glu glu glu de la coca cola precipitándose, el cris cris cris de la espuma subiendo rápidamente en primera instancia y bajando perezosa después, el romper de las burbujas en mis labios, la exhalación de aire final.
Tumbarse en una cama con las sábanas recién lavadas, sentir el frescor de la almohada al aplastarla, agarrar con los piés el edredón por su estremo y sentir cómo se van calentando poco a poco.
Coger la posición en el sofá, taparse hasta la barriga, poner cualquier programa de televisión y saber que esta siesta me la he ganado.
Una ducha bien caliente después de salir a correr en invierno, pintar una cara con mi dedo en el espejo empañado y luego borrarla para descubrir otra cara, la mía, roja como un tomate y con todos los pelos para arriba.
Una mañana de domingo sin resaca, descubrir que el domingo tiene 24 horas y no 12 como he llegado a pensar.
Un bol de palomitas en mi mesa acompañando a la cerveza que me acabo de pedir.
Un bebé que me mira y se ríe.
Estar en la cola del mercadona y oír "Por favor pasen por la caja número 3 por orden" y que por orden sea yo el primero
Que los semáforos de la Diagonal se pongan en verde un tras otro al verme llegar en mi Almera plateado.
Las camisas que no necesitan plancharse.
El olor del césped recién cortado entrando por la ventana.
Una parada de bicing al lado de la discoteca cuando vuelvo de fiesta.
Un kebab abierto a esas horas junto a dicha parada de bicing.
La ensaladilla rusa de mi madre.
El sonido de la lluvia contra la lona de tu tienda de campaña, el saco abrigándote, los ojos curiosos de los demás compañeros de tienda resaltando en la penumbra, el olor a plástico, la sensación absurda de aventura.
Fichar a la salida un viernes.
Llegar a una ciudad desconocida, la inseguridad de no saber dónde está nada y de no saber si me van a entender, descubrir, aventurarme, equivocarmse y, por fin, enterarme de las cosas.
Coger aire y descender en el agua, aletear con fuerza, compensar los oídos, volver a aletear. Y, una vez ahí, ahí donde sientes que ya no puedes más, observar. Parar el tiempo, parar el pulso si hace falta para que no moleste. Observar. Escuchar. Y, cuando el cuerpo avise, volver a subir. Aletear, parar, aletar. RESPIRAR.
Un mojito bien hecho.
Y
SOBRE TODO
ANTE TODO
POR ENCIMA DE TODO,
UN PLACER CONOCERTE
El tilín tilín de los hielos contra el vaso, el crujido metálico al abrirse la lata, el glu glu glu de la coca cola precipitándose, el cris cris cris de la espuma subiendo rápidamente en primera instancia y bajando perezosa después, el romper de las burbujas en mis labios, la exhalación de aire final.
Tumbarse en una cama con las sábanas recién lavadas, sentir el frescor de la almohada al aplastarla, agarrar con los piés el edredón por su estremo y sentir cómo se van calentando poco a poco.
Coger la posición en el sofá, taparse hasta la barriga, poner cualquier programa de televisión y saber que esta siesta me la he ganado.
Una ducha bien caliente después de salir a correr en invierno, pintar una cara con mi dedo en el espejo empañado y luego borrarla para descubrir otra cara, la mía, roja como un tomate y con todos los pelos para arriba.
Una mañana de domingo sin resaca, descubrir que el domingo tiene 24 horas y no 12 como he llegado a pensar.
Un bol de palomitas en mi mesa acompañando a la cerveza que me acabo de pedir.
Un bebé que me mira y se ríe.
Estar en la cola del mercadona y oír "Por favor pasen por la caja número 3 por orden" y que por orden sea yo el primero
Que los semáforos de la Diagonal se pongan en verde un tras otro al verme llegar en mi Almera plateado.
Las camisas que no necesitan plancharse.
El olor del césped recién cortado entrando por la ventana.
Una parada de bicing al lado de la discoteca cuando vuelvo de fiesta.
Un kebab abierto a esas horas junto a dicha parada de bicing.
La ensaladilla rusa de mi madre.
El sonido de la lluvia contra la lona de tu tienda de campaña, el saco abrigándote, los ojos curiosos de los demás compañeros de tienda resaltando en la penumbra, el olor a plástico, la sensación absurda de aventura.
Fichar a la salida un viernes.
Llegar a una ciudad desconocida, la inseguridad de no saber dónde está nada y de no saber si me van a entender, descubrir, aventurarme, equivocarmse y, por fin, enterarme de las cosas.
Coger aire y descender en el agua, aletear con fuerza, compensar los oídos, volver a aletear. Y, una vez ahí, ahí donde sientes que ya no puedes más, observar. Parar el tiempo, parar el pulso si hace falta para que no moleste. Observar. Escuchar. Y, cuando el cuerpo avise, volver a subir. Aletear, parar, aletar. RESPIRAR.
Un mojito bien hecho.
Y
SOBRE TODO
ANTE TODO
POR ENCIMA DE TODO,
UN PLACER CONOCERTE
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